El café ya no es lo mismo

Ingrid Bergman. Encadenados

Ingrid Bergman. Encadenados

Una vez que has viajado a Portugal e Italia el café ya no es lo mismo; tamaño dedal, negro kikuyu y en taza gruesa y blanca en Portugal. En Italia, con leche batida espumosa haciendo dibujos sobre el café, canela y acompañado de un vaso de agua (me encanta beber agua tras el café). Sin embargo el café salta a otro nivel, sí, nivel procifiency, C2 ó más allá tras ver Encadenados (Notorius, de Alfred Hitchcock); ese sillonaco que hasta a un jugador de sumo le quedaría grande donde Ingrid Bergman está encajada, esa cafetera de plata que asegura un café tibio, esa taza de porcelana china con cenefa, ese collar ajustado al cuello próximo a la asfixia, ese recorrido con la mirada primero al marido, luego a la taza y finaliza en la tiesa madre, esa respiración rápida y entrecortada, esa visión borrosa, ese caminar titubeante hacia la puerta, esa frente sudorosa y el desmayo cayendo al suelo a los pies de la escalera. Son tres minutos de tensión, miedo y angustia. Creo que es la razón por la que no tomo café después de comer.

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