Jesse Pinkman, el pasado verano

Aaron Paul

Pasé el último verano con él. Dejándome llevar, en una montaña rusa de despropósitos, calamidades, emociones y aventuras. Siguiendo sus verdes ojos, que parecían mirar todo con la inocencia de un recién nacido.

En entraron unas ganas terroríficas (de terror!?) de volver a estudiar química. Me acordé de la srta Dorita: ” músculo que no se trabaja, se atrofia y el cerebro es un músculo”, “la energía ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma” y de la profesora Marisa con los cigarrillos rubios en el bolsillo de la bata blanca.

He visto llorar de verdad a pocos chicos, ver a Jesse Pinkman llorar es partirse en dos, es arrancarte el corazón de cuajo en 0,01 segundo, es sentir arder el filo del cuchillo hundirse en la piel, es el horror.

Leí que tenían en mente que estuviera sólo una temporada. Gracias a Aaron Paul cambiaron de idea. También doy gracias a los dioses y a los astros por la existencia y sabiduría de los que lo apreciaron.

Echo de menos a Jesse Pinkman, me siento huérfana de serie.

 

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