El café ya no es lo mismo

Ingrid Bergman. Encadenados

Ingrid Bergman. Encadenados

Una vez que has viajado a Portugal e Italia el café ya no es lo mismo; tamaño dedal, negro kikuyu y en taza gruesa y blanca en Portugal. En Italia, con leche batida espumosa haciendo dibujos sobre el café, canela y acompañado de un vaso de agua (me encanta beber agua tras el café). Sin embargo el café salta a otro nivel, sí, nivel procifiency, C2 ó más allá tras ver Encadenados (Notorius, de Alfred Hitchcock); ese sillonaco que hasta a un jugador de sumo le quedaría grande donde Ingrid Bergman está encajada, esa cafetera de plata que asegura un café tibio, esa taza de porcelana china con cenefa, ese collar ajustado al cuello próximo a la asfixia, ese recorrido con la mirada primero al marido, luego a la taza y finaliza en la tiesa madre, esa respiración rápida y entrecortada, esa visión borrosa, ese caminar titubeante hacia la puerta, esa frente sudorosa y el desmayo cayendo al suelo a los pies de la escalera. Son tres minutos de tensión, miedo y angustia. Creo que es la razón por la que no tomo café después de comer.

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Nadie es perfecto (II) ¿Cómo pueden andar con estas cosas?

Mirando las nubes pasar

Expreso de Florida formado en la vía uno para Washington, Charleston, Savannah, Jacksonville y Miami. Viajeros al tren, viajeros al tren!
– ¿Qué te pasa ahora?
– ¿Cómo pueden andar con estas cosas? ¿ cómo pueden guardar el equilibrio?
– Debe de ser según la distribución del peso. Vamos!
– Y esta ropa tan ligera… deben de constiparse muy a menudo
– Deja ya los comentarios, vamos a perder el tren
– Me siento desnudo, creo que todo el mundo me está mirando
– Con esas piernas? estás loco? Anda vamos!
– Será inútil continuar esta farsa, Joe
– Me llamo Josephine! y además inicialmente la farsa fue tuya

Marilyn Monroe, Con faldas y a lo loco
– ¿Te has fijado? Qué manera de moverse. Me recuerda a la jalea de membrillo. Deben de tener un motorcito o algo así. Te digo que son diferentes de nosotros.
– ¿De qué tienes miedo, nadie te va a cortejar? Estos…

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Jesse Pinkman, el pasado verano

Aaron Paul

Pasé el último verano con él. Dejándome llevar, en una montaña rusa de despropósitos, calamidades, emociones y aventuras. Siguiendo sus verdes ojos, que parecían mirar todo con la inocencia de un recién nacido.

En entraron unas ganas terroríficas (de terror!?) de volver a estudiar química. Me acordé de la srta Dorita: ” músculo que no se trabaja, se atrofia y el cerebro es un músculo”, “la energía ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma” y de la profesora Marisa con los cigarrillos rubios en el bolsillo de la bata blanca.

He visto llorar de verdad a pocos chicos, ver a Jesse Pinkman llorar es partirse en dos, es arrancarte el corazón de cuajo en 0,01 segundo, es sentir arder el filo del cuchillo hundirse en la piel, es el horror.

Leí que tenían en mente que estuviera sólo una temporada. Gracias a Aaron Paul cambiaron de idea. También doy gracias a los dioses y a los astros por la existencia y sabiduría de los que lo apreciaron.

Echo de menos a Jesse Pinkman, me siento huérfana de serie.